Puesto que son pocos los lectores de la moderna versión de este blog, os remito personalmente la incertidumbre y belleza del poeta al cual dedico estas líneas personales y que, de forma cautiva, espero tenga a bien por los momentos compartidos…
Buenas,
Egoísmo o quizás no. Nunca fui especialista ni ilustrado de las palabras que vos albergáis… Quizás cierta candela suene a despedida o simplemente a jolgorio de unas lágrimas que revierten vida. Cualesquiera que la vida misma tome forma, lo único que pudiera yo decir es que la vida me agració en un determinado momento con vuestra presencia, presencia, más allá de lo físico, lo real o irreal, ¡qué mas da! Qué importan las formas o modos cuando lo que impera es el recuerdo o el sentimiento de aquello que fue.
Faro que en cierto modo alumbró la orilla a la que un buque debió rehusar, un libro del que extraer palabras y frases a las que dedicar toda una vida, un sentir que no se limita al simple uso de una interpretación y mucho menos a la mediocridad de la que un servidor hace gala.
Palabras que escritas a horas donde el intelecto aguarda su monótono descanso, libertad de albedrío cautivo que dispone de aquello que meditado con anterioridad nunca atrevió a expresar. Justicia de quien agraciado por usía no supo cuantificar la importancia del momento o de la singularidad hallada.
Palabras, justificaciones o falsas reclamas, perdonad estas sucias palabras que os llegan de esta manera tan descortés, de este pobre individuo, alma de campesino o agricultor que nunca fue pero siempre valoró, de un sueño que siempre suyo trazó la ilusión de quien nunca supo abrir la decencia de una humanidad perfecta, una utopía que nunca entendió de sentimientos y de personas, personas que aisladas nunca fueron lo suficientemente atrevidas para cruzar el charco de la adversidad, enemigos sumisos en la conformidad de una vanidad intransigente, de un estadío recíproco.
Me abrigo y preparo para el invierno que ha de llegar. Año tras año, periodo tras periodo. Palabras que resuenan para una galería de la que unos cuantos pudieran decir maravillas pero que sin embargo sólo fueron y serán palabras al unísono de un viento, aire de los tiempos, ecos que marchitaran tarde o temprano, ego de ridículo esplendor.
Basura, ruido, estropicio de una realidad que mis sentidos interpretan, hojaldre no necesariamente verídico, distorsión de un sueño labrado tras una infancia de ilusiones y sueños que chocaron con la realidad de una interpretación distante y lejana, de una vana percepción que giró al lado oscuro de un sueño que perseguía una utopía a las que todos temían, pero que de manera tangible siempre presente corre el riesgo de ser verídico.
Locura o no, si algo ha de ser valorado es vuestra presencia allende los mares de la era de la computación, vuestras palabras en aquellos momentos que en el ahora se ven como críticos para decidir en el presente, ese creer en el presente, en la persona, en la habilidad para afrontar retos para los cuales nunca había pensado o asimilado. Una personalidad que se muestra día a día vaga en retos, a pesar de los retos e incertidumbres profesionales. Una persona que no se halla a así misma en la “laboriedad” de su profesión, una persona limitada en los saberes y haberes de la cotidianidad, tal y como tantas muchas otras, conscientes o no.
Pero al menos puedo asistir al regocijo, voluntario o no, consciente o no, de haberme sentido guiado en la esperanza de mi propio destino. Faro sin el cual nunca hubiera terminado de avanzar hacia el siguiente estadío de mi vida, fuente sin la cual no hubiera podido reconciliarme con “aquello que de mágico nuestra existencia posee”, de tal forma que alguien que en nada cree pasa a ser un servidor de que la ciencia puede albergar la prueba de una fe más allá de una simple vida.
Limitaciones e imperfecciones que siempre ahondarán en mi persona, muerte y fin que me ha de llegar, vidas que no necesariamente en paralelo circulen, cada cual cumpliendo su labor, su cometido, o al menos siendo personas tan diversas en su creencia y alma hasta creerse partícipes de algo mayor, cuestión que los supere y los guíe.
Pública admiración de aquello que pocos han de entender pero homenaje de simple elocuencia, decisiones que transcienden la diversidad y aleatoriedad de un camino trazado, la cuerda conducta de un timón que capitanear hacia mares de propio acontecer, familia que de cobijo al ridículo de un destino no planificado pero teledirigido por el deseo de la propia paz, de una libertad autónoma, de un albedrío ajeno a la más sincera esperanza de un mundo en paz.
Esta entrada probablemente escenifique la ocurrencia de cuando se requiere un exceso de adorno en algo tan simple y especial como decir “gracias”, pero dado que casi todo ha quedado prostituido, conviene explicarse lo más cercanamente posible para que la propia realidad pueda agradecer a los amigos el exceso de una vanidad propia.
El más fraternal deseo para vos y vuestra familia.