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Parte de la naturaleza ciclica de la vida humana

Hubo tiempos en los que la preponderancia unificada de los versos libres olfateaban la discordancia de una incredulidad atemporal. Sellado el horizante que simbolizaba la ocurrencia de aquellos juegos cuyo azar quedo restringuido a una pura rima de insensanta injusticia.

Hoy, de hecho, las adversidades que desfiguran el rostro de los continentes mas ilustrados enfatizan la desazon de quienes con vigor aplauden la virtud de otros tiempos, la calma de un bello paraje denominado Utopia y cuya arrogancia impuso alas al desprestigio de lo basico y fundamental.

Sediento, a esta orilla de vulgar dicotomia, el horizonte se antoja benevolo pero de tintes tormentosos. La dinamica de la eventual vida hace trasnochar los deseos de los hombres, insinuan suenyos de grandeza que minan la pureza y bondad de una sangre  que vierte inmoralidad y corruptela para regar los surcos que cimentan nuestras sociedades.

Estos ojos incansables e inundados de la inquietud de quien desea hacer germinar el entendimiento, semejante incertidumbre con tan poca tolerancia, virtud que sea capaz de sembrar paz en esta ignorancia que me gobierna.

Verdades que se retuercen en el olvido, semejanza de glorias marchitas, herencias que rivalizan la odiosa ofrenda de la divinidad, glosario de ideas desencajadas que fluyen hacia la atrocidad de una melodia.

Repititivos sesgos que confinan la voluntad del ser, escenarios de ocioso esplendor que juguetean con el aleteo de otrora negredad constatable, versos que vuelcan la tragicomedia humana en el sonido de un eco siempre presente, siempre eterno, siempre nuestro.

El tiempo, siempre tan inverosimil, siempre tan ausente y marchito. Esa aguja que destroza nuestra existencia y pone nuestros planes en cuarentena. Somos una constante fuga que disipa las voluntades de nuestros deseos a la esclavitud planificada de una eventual pugna entre extremos y confrontaciones. Bien y mal, poder, influencia, etica o inmoralidad, paz o guerra… esa es nuestra naturaleza ciclica.

Es tiempo de lucha, ocaso de las grandes torres

Renacimiento

Quizás tiemble la tierra ante nuestras debiluchas mentes, piernas dóciles ante la voluntad vendida. Tal vez, voluntad cedida al ajetreo de la cotidianidad pero siempre gran maestra de perfecto adoctrinamiento. Un poder suave y austero, marca inevitable de los años y de la experiencia que subyace a la vil y enemiga complacencia.

Ojos que de incrustada naturaleza se someten a la paciencia de un espectáculo dañino, soberbia e impotencia, que mansamente se consolidan en el absurdo de un esencia acostumbrada, espectadores que se ciegan a la pasión de conservar aquello que amuebla las telarañas de su vertiginosa existencia.

Espectadores condenados a la ignorancia de nuestro propio credo, a la ilusión de una visión engañosa. Mentes que se desplegan ante el tenue recuerdo de un abanico forjado al son de los tiempos, una conciencia perenne que camina por los siglos y que se trasmite de generación en generación.

Ser individuos sometidos a la voluntad establecida, a la propia evolución social o simplemente reos de nuestros propios temores, no es justificación para que prime el apaciguamiento y la cobardía, para que reine la apatía y la desesperanza.

Hoy como ayer, tiempo y espacio sueñan con abrazarse y gritar al universo sus sueños de esperanza, impulsando esos nuevos vientos de oportunidad.

No se trata de iniciar ningun proceso de transformación de la sociedad sino de aniquilar el propio ego residente en la conciencia. Librar una batalla por la voluntad y la acción de lo cotidiano, empezar a remar hacia la orilla tantas veces deseada por el hombre.

Despertar el ocaso de las grandes torres, esas mismas que en alto no paran de registrar el horizonte.

Peor que el olvido, ser caballero errante

libertad

Traidores de cuanto escrito queda en sus corazones, especímenes que destruyen sus coartadas en sucias miradas de pretenciosa opulencia. Unos y otros, todos y cada uno de los que no son lo que debieran, ausentes y dispersos, contradicciones de una colérica ambición, dañina y perpetua, corrupta insensatez de suma naturaleza intransigente.

¿Cuál es la valía de la impronta? ¡A mí qué! ¡A mí la guardia! Pasad, pasad y contad a mis oídos la suciedad con la que vuestras cenizas serán esculpidas de forma trivial, gigantescas lozas de perenne recuerdo.

Contundencia de aquellos fieles poetas de la más rigurosa voluntad, sueños que se encaminan en odiosa ilusión a golpe de fantasía. Almas que se arraigan en la dicha de la discordia, de la prontitud de altavoces mal sonantes e incluso irritantes, sensibilidades que se oscurecen tras cada nuevo naufragio.

Palabras a fin de cuentas, que de haberlo sabido sólo hubiera aprendido a observar, nada de palabras ni de sueños errantes y es que no hay mayor destino que el de caballero errante que atraviesa las tinieblas de sus propios temores.

Pensamientos nublados por la vehemencia de la pasión

volar

Volar como un rallo que se despide de su propio sombra al despegar, atajo de veleros que desconocen la fricción de un viento sereno. Así, en volandas, raso e indómito, criatura que emerge zancada a zancada, quiebro tras quiebro hasta llegar al golpeo, ese álgido segundo sólo coronado por leyendas del Tourmalet.

Libertad que incita al perfume huracanado de una rebeldía aclamada, una cosquilla que se desvanece entre molinos de caduco proceder. Cartas que se sujetan finamente a un envoltorio prostituido y evaporado con cada nueva muda, sugiriendo una levitación que desajusta la gravedad en una minúscula facción de tiempo.

Instante donde de la nada obra el pasillo que da riendas sueltas a la imaginación de un cuerpo libre, un cuerpo ausente de su control mental, ligero como el viento, consciente como el que cabalga guiado por la locura sin frenos.

Instante que agita el éxito o el fracaso de una acción inocente, una intolerancia que desconoce de razones y lógicas, accidentes que se vuelven heroicidades y conjeturas que logran el nefasto adiós de una ocasión concebida. ¿Se trata de oportunidades? No, no podría ser.

Izar las alas y aventurarse en un recorrido donde el pensamiento queda nublado por la vehemencia de la pasión, obra que no entiende sino de lucha y garra, de semblanza y equipo, coordinación y cooperación. Todo un reguero de vanalidades inimaginables que surgen del instinto de superación, de la propia y bella naturaleza humana que no se fía de su propia conciencia, de una percepción que se contamina cada día al abrir los ojos. Emigrantes que huyen de un paradisiaco sueño, odiseas que quedan atrás en algún cajón del triste y añorado olvido.

Un despertar que nos brinda un tierno oleaje de salpicada mar, suaves palabras que siembran el horizonte de esperanza, un eco desfigurado y opaco al que pocos prestan atención entre tanta oferta y poca variedad. Un mismo final, un mismo amanecer tras un silencioso y abarruntado ocaso, luces que con brillo propio iluminan el ahora y el aquí, tras cada puerta, tras cada esquina, a cada paso, tras cada juego sucio, y… a pesar de los pesares, aún somos niños.

La firma de esta entrada para un Grande de España, como es Serrat. Espero sepan disfrutar de sus palabrillas de 1982 y con su popular “esos locos bajitos”.

Comprendiendo las reglas que rigen nuestra percepción

amor

Quisiera contar las palabras más bellas esta noche, saber que cada una de esas estrellas que se hallan en lo más alto del firmamento son parte de una mirada melancólica, una sonrisa heredada por aquellos seres queridos que algún día marcharon, un suspiro que puso fin a sus vidas.

Quisiera recordar sueños y sufrimientos de aquellos que vagaron por esta misma senda que hoy yo piso, sentir aquello que les hizo fallecer con una sonrisa de gratitud o hallar la última mueca de dolor que puso color a su infortunio.

Cada vez escribo notas menos sonoras, trazos de una pluma bañada en alma, un reguero de discordantes piezas que se aglutinan formando un puzzle vital. Escribo porque no puedo crecer, medito porque mis raíces me detienen, escapo al bullicio de unos pajarillos que arrancaron cada nuevo brote de este arbolito recién nacido. En fin, pienso porque no puedo creer en la pasión que desatan mis ideas.

Lógica y razón como instrumentos para construir castillos de esperanzas e ilusiones, abanicos de torso débil. Ángeles que descienden y se posan en unas pestañas que se agotan minuto a minuto,  que se comunican a través de palabras impronunciables, por inexistentes. Alas que abaten la pragmática realidad de unas percepciones aprendidas a base de repetición, ilógicos acontecimientos que son capaces de hallar sentido al agónico descubrimiento de lo transitorio.

Pero todo es tan irreal como deseemos que lo sea. Siempre quedaran puertos a los que recalar, sentimientos a los que acudir, amor que ofrecer o recibir, siempre habrá valles de magno esplendor, siempre habrá unos ojos con los que soñar y un lecho donde compartir la belleza de lo simple.

Ciencia de la vida

Principio Imposible

No existe silencio que sepulte mis palabras. No existe motivo que sea capaz de detener el influjo de la luna sobre la marea, no existe razón alguna que de silencio a una conciencia salpicada por chispas de aventura y locura humana.

Escribo serviles dosis de pagana admiración por cada recobeco de esta esporádica vida, un majestuoso escenario que se alza hacia cada mirada, habitaciones de incierta morada, paredes que se estrechan y ablandan tras cada nuevo sorbo de aire.

Miradas que se soslayan mutuamente mientras los testigos ejercen la apática experiencia de un acontecer aleatorio, tablero de ajedrez donde cada pieza llega a ser su propio juez entre miles de diminutas piezas, todas danzando al unísono, guiadas por la incertidumbre de un armonía lejana de la que sólo se aprecia insensibles tonos de extraordinaria belleza.

Una escritura que se vuelve opaca, rastros de tinta que vacilan con la transparencia de quien se desnuda ante desconocidos, vulgares ideas que se mezclan en el subconsciente de tan variadas y elegantes cabecitas locas.

Cosas que se suceden trazando un díscolo universo de series animadas, acontecimientos que imitan su propia réplica en un eterno viaje geométrico, simple registro de notas visibles que yacen sobre aparentes hojas vacías. Libro de recuerdos no contados y experiencias no vividas, pero siempre disponible y presente ante nuestros ojos.

Sulfúrea política

hipocresia

Cautivo e imparcial, al alza, derroches y semblanza, sonoro amanecer de ecos que navegan al sosiego de una nube interminable. Política, ciencia de utopías irrealizables, siempre justo arte de masas inquietas, ilusiones de quien se tumba bajo la larga sombra de un roble milenario.

Pasiones y entredichos, sueños pervertidos por impulsos faraónicos de quienes premian los tercios de la manipulación y de los crímeses morales, sujetos pávidos de bello y firme porte, entrépidos y ávidos de informaciones públicas, sediento virus que cautiva las hormonas del entendimiento, minas que se desinflan bajo el gélido estado de la conciencia pública.

Encantados de haberse conocido, ausentes en presencia, presentes en discordia, siempre lúcidos para el desfile, envidia de pasarelas, deficit emotivo de neuronas atrincheradas en la sin razón de una primicia absurda.

El misterio de la vida y mis razones


semillas de amor

Tras estas líneas quedará por sentado que mis palabras importan bien poco, que el sentido y aura de mis decisiones se evaporan tras cada intento, que aquello que me lleva a detener la brújula de la razón es aquel mismo instinto que me seduce e impulsa hacia cada nueva palabra, hacia cada espejo de reflexión que transmitir.

Ser esclavo de nosotros mismos es una primera primicia que ha de aprender el ser humano, ser consciente de que aquello que escribe ha de ser leído, que transmitir es algo más que comunicar. Si dibujásemos una inmesa esfera de aquellas pequeñas cosas que conforman ese conjunto de grandes cosas que todos tenemos en mente, sean o no visibles, incluso incomprensibles.

A veces, la vida se dibuja así misma. En ocasiones, las más simples cosas pueden llevar a una completa visión de lo que ha de ser una persona.

Nunca podré ser una respuesta ni un faro que ilumine sendero alguno. Siempre quise batir el triste registro de una literatura que trazara ideas de belleza, utopías que fueran respiradas con cada simple trazo, sueños que emanaran de cada suspiro, grietas que se abrieran de la nada y dieran cobijo a esas pequeñas cosas que configuran nuestra única verdad universal.

Pido disculpas por la confusión que pudiera haber causado igual que pido disculpas por errar una y otra vez, por no saber comprender aquello que en ocasiones pudiera ser totalmente claro para algunos, pido disculpas por ser una imaginación tan limitada como para hallar la lucidez que me enseñe esos pequeños misterios que nos rodean. Pido disculpas por no saber llevar la paz y el amor a aquellos que me rodean, conocen o leen. Disculpas por no saber transmitir sentimientos e ideas de la manera más natural que pudiera existir, disculpas por ese café que nunca tomamos mirándonos de esa manera que sólo las ocasiones especiales requieren.

Poco son las cosas que realmente me importan, pocas son las cosas que realmente tienen sentido cuando uno se evade de aquello preestablecido. Como quisiera no ser testigo y cómplice fiel de la inmediatez y veracidad de los tiempos que corren, al menos en la medida que las cosas se suceden y presentan, confío sabréis perdonad mi indifirencia bloguera hacia aquello material que descienda en una vieja historia de imposiciones y manipulaciones de las que somos fieles víctimas día a día. Ira que vendrá a raudales e impotencia que será sumisa a causas de las que uno no tenga presencia.

Muchos conocéis a estas alturas parte de mi pensamiento acerca de numerosas cuestiones, sabéis de mi análisis crítico, de mi absurda negación sobre lo evidente y misterioso. Pero quizás este espacio no se trate de ello sino de buscar esa vía que evada la putrefacta realidad que algunos tratan de justificar, una liberación que termine levitándose sobre los pilares que conforman la existencia humana.

A pesar de los pesares, la vida es algo mágico y tan cristalino como nuestra fe sea capaz de imaginar. La vida es simplemente magia que se evapora y comunica, es amor que se extiende entre corazones forjados en base a diferentes impresiones, ideas y sentimientos, rabioso alboroto de inimiginable esplendor.

Cualesquiera sean vuestros ojos sobre mis líneas presentes o pasadas, doy por sentado que cada cual hará sus pertinentes interpretaciones, extraerá un significado que pudiera ser diferente al que éstas o futuras líneas pretendan transmitir. Metáforas que de poco uso han de ser cobijadas pero de gran placer admiradas.

Siento ser una locura que cabalga sobre ríos de tinta que se emancipan y divergen, energía que se vuelve poderosa y autónoma, que viaja allende los mares, que se deperdiga y vuelve a concentrar.

Este y otros blogs fueron como la vida misma, un simple y eterno viaje por donde este peregrino deambulea en busca de su propio yo, en busca de la verdad universal, en busca del sentido que de comprensión al desorden y caos reinante.

La firma de esta entrada corre a cargo de Sarah Mclachlan y su “answer”.


Muy agradecido he de marchar con un hasta siempre

Adios

Escribo líneas que se eternizan en una dimensión no imaginada, festejos que no cesan de rodar nuevas escenas que acontecen similares réplicas una y otra vez. El infortunio me dejó sin las evidencias que todo poeta posee, sin la sensibilidad del que derrocha poros de imaginación y deseo.

Quisiera ser poeta para no marchar y poeta para no evadir. Quisiera soñar que todo sueño no es más que vida que subyace tras cada vivencia. Quisiera ser espejo para poder conocer con quien vivo. Quisiera ser humano para no ser persona y persona para aprender un poco de humanidad.

Cristales que se replegan bajo cascadas impregnadas de quimeras y ensoñaciones que placen en la madre Tierra. Ojos vedados a observar cuan maravillosa es la simple presencia, cuan perfecto es el orden natural de cuanto acontece. Ojos marchitos que se calcinan cuando dan licencia a quienes por corazón usan una coctelera de vanalidades.

Rarezas de un ser respirando la divina comedia, una paradoja descrita tiempo atrás por Dante. “Anota mis palabras, de tal suerte, que puedas repetirlas mientras vivas, a los vivos, que corren a la muerte”.

Es, por ello, que en este preciso instante inicio un largo viaje sin equipaje alguno, sin maletas que puedan abrigar mis ideas más remotamente insensatas, sin obstáculos que encarcelen mis palabras más extrovertidas, un rostro que se evapora para evadir la corrección de quienes no merecen el poder, verdades que esclavizan mentiras.

Estos ojos no volverán a vertir las palabras que se encandilan al ver una flor nacer. Las palabras dejarán ser veredas abiertas a la mar de una clandestinidad efímera. Una lluvia que nunca se da la vuelta y asciende, una lluvia para recrear el lavado del alma. Ojos que se cierran, cielo que llora.

Un adiós a años que se extienden en un pergamino ilegible, conocidos de la red que llegaron a ser verdaderos amigos y que desaparecieron tal y como llegaron, unos con cohetes, otros sin mediar palabra alguna, pero todo tal y como la vida misma se muestra ante mis ojos.

Peldaños que han de ser cubiertos con autoridad y sin la terapia excéntrica de lo corruptible. Por ello, me despido con la tardanza de quien no quiere emprender la marcha. No es que no tenga palabras que hayan dejado de ser marea y agitación. Después de todo siempre escribí por y para mí, para sentirme y para leerme, para saberme. Palabras vertidas a miles de conciencias, mucho más allá de mis límites, más allá de lo que quise decir, más allá de lo que mi propio entendimiento pudo nunca comprender.

Cuentos, batallitas, desasosiegos, crítica influenciada en la inocencia manipulada. Cedo el testigo a la savia nueva, limpia y sabia de quienes en esa potestad crean hallarse. Lloro por quienes de corazón sincero en estos años, flechas de amistad hayan unido, siento ser partícipe de un espacio que queda vacío en mi conciencia. Durante un tiempo esta web seguirá siendo un transatlántico a merced de los vientos, una deriva silenciosa en medio de tanta razón, cordura y conocimiento. Mi incultura prepotente debe saber echar un paso hacia atrás, dejar un merecido espacio a los sabios y eruditos de nuestros tiempos, esos que todo lo saben y todo lo explican.

Marcho triste por el rastro de cariño que estos puntos de unión han creado y con el mejor de los deseos confío todos tengáis para vosotros aquello que siempre soñastéis, aquello que aún guardado modela vuestros sueños e ilusiones. El resto sería un discurso obsoleto que de nada sirve. Intentad ser felices siendo siemplemente humanos.

Las únicas palabras que puedo dejar son las de agradecer todo cuanto me habéis enseñado.

Y ésta, la cual diría última entrada si pudor a ello no tuviera, tendrá la firma de Gabriela Mistral y su honorable adiós

En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos…
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!

Amores de la noche

Estrellas y la luna

Surcando los mares de mi propia indiferencia agoto los puertos donde esta larga y breve travesía ha de serenar los minutos de la bella noche. Estrellas que se aproximan fugaces como firmamento desterrado de la cercanía humana. Siempre eterno pero nunca alcanzable vergel de tan brillante esplendor.

Figuras que se alejan en la noche dejando olvidos tras de sí, tiempo que se envuelve en la fina arena que sus cabellos transportan cuando señalan al rojizo sol de una larga espera. Contemplaciones de un sedoso horinzonte manado como fiel reflejo de un efímero deseo, minutos que brotan de un manantial cuyo relojero nunca supo poner a andar.

Dulce silencio de tan incandescente amanecer lunar, conquistas de la más ilusa fantasía. Seres que renacen con el último aullido que da inicio al alba de un nuevo día.