“La vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos plazca”. (Samuel Smiles)
El optimismo es una característica de la personalidad que media entre los acontecimientos externos y la interpretación personal de ellos hacemos. La actitud con la que deseamos vivir determinara buena parte de nuestra suerte.
El optimismo es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia , descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.
La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte –el pesimismo- radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades.
El positivimo, en cambio, es una corriente filosofica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación de las teorías a través del método científico.
Hoy en dia, el sistema educativo esta altamente contaminado, laa educación se ve afectada porque es dependiente del estado político. El estado político se ve afectado porque es dependiente de los intereses económicos.
¿Alguien duda de ello? El juego que prevalece en la política es dictar las leyes que los intereses económicos quieren y piensan que necesitan. En la actualidad, prácticamente todos los gobiernos defienden o implantan un modelo economico basado en el libre mercado. Sin entrar a defender o criticar el capitalismo exarcerbado, debemos no obstante preguntarnos qué tiene el neoliberalismo y el libre mercado que ver con los derechos civiles y humanos, cuya defensa es la función legítima del estado.
Existe una necesidad creciente de humanizar el mundo economico y financiero.
Rudolf Steiner, filosofo austriaco, concibió la libertad como principio básico que debe regir la vida cultural-espiritual, la igualdad como pilar fundamental del ámbito jurídico-legal, y la fraternidad como sustento imprescindible para la actividad economica.
La propiedad privada y pública, así como los diversos mecanismos del sistema económico, deben estar predispuestas para garantizar una economía al servicio del hombre.
Los desequilibrios económicos y sociales existentes en el mundo del trabajo se han de afrontar restableciendo la justa jerarquía de valores y colocando en primer lugar la dignidad de la persona que trabaja: « Las nuevas realidades, que se manifiestan con fuerza en el proceso productivo, como la globalización de las finanzas, de la economía, del comercio y del trabajo, jamás deben violar la dignidad y la centralidad de la persona humana, ni la libertad y la democracia de los pueblos. La solidaridad, la participación y la posibilidad de gestionar estos cambios radicales constituyen, sino la solución, ciertamente la necesaria garantía ética para que las personas y los pueblos no se conviertan en instrumentos, sino en protagonistas de su futuro. Todo esto puede realizarse y, dado que es posible, constituye un deber.
Como muchos habran notado, una de las principales preocupaciones de este blog es la justicia social, no solo como efecto secundario del efecto globalizador sino como camino para erradicar la pobreza y la esclavitud. Los movimientos sociales en Latinoamericana se fundamentan bastante en la Teoria de la Liberacion como soporte ideologico y motivador de sus acciones. Tomando esa base de pensamiento o fundamento filosofico cristiano, este blog ya se ha preguntado en alguna otra ocasion si ¿Puede la Doctrina Social de la Iglesia ser alternativa al Capitalismo?
El presente texto resalta además la importancia de los valores morales, fundados en la ley natural escrita en la conciencia de cada ser humano, que por ello está obligado a reconocerla y respetarla. La humanidad reclama actualmente una mayor justicia al afrontar el vasto fenómeno de la globalización; siente viva la preocupación por la ecología y por una correcta gestión de las funciones públicas; advierte la necesidad de salvaguardar la identidad nacional, sin perder de vista el camino del derecho y la conciencia de la unidad de la familia humana.
Esta es una epoca caracterizada por acercarse a un cisma donde se vislumbra la decadencia y renacer de un nuevo tiempo. Este siglo XXI que vivimos es el que dara paso a una nueva potencia economica y militar, que dara al trasto con el espejismo virtuoso vivido durante las dos ultimas decadas.
El modelo de produccion y de consumo, las relaciones laborales, la diferenciacion geografica de competitividad donde la especializacion formara parte del area productiva de cada nacion.
Se esta produciendo un claro subyacente de exceso de consumo, una sobre produccion que unida a la deslocalizacion de la fabricacion de productos a paises terceros, ha dado pie a una crisis de gran calado.
La globalizacion no solo ha producido que el capital fluya libremente, que se invierta alli donde se desee, sino que ha cedido la potestad para que el capital y su voluntad impongan nuevas regulaciones y maneras de proceder.
Ahora, una vez el “talento” como mano de obra cualificada es facil de fabricar en universidades o facil de trasladar ofreciendo salarios atractivos, cabe la duda de si los empleos de fabricacion, manufactura, y todos aquellos servicios aptos para su subcontratacion se terminaran desplazando del todo a terceros paises.
El materialismo incubado, la necesidad de consumo y la relativizacion de los asuntos que atanyen a la persona han sido los tres pilares que han destruido el sistema educativo y que han modelado a mi generacion y a la siguiente, a los milieuristas o ni tan siquiera eso.
La victoria de las tesis que convertian a la persona no solo en obrero sino en consumidor, que transformaban los valores comunitarios en herramientas al servicio del individuo han favorecido que la persona se destruye, que la cultura desapareciera de nuestras vidas, que se instaurara un regimen de entretenimiento de masas, vacio, denigrante, absurdo y carente de intelectualidad.
La clave por la que el marketing se apodero de nuestros valores fue la relevancia de querer ser iconos, consumidores de nuestro propio producto. Convertimos a la persona en producto, banalizamos el genero humano y convertimos a la mujer en objeto de exhibicion. Defendemos internet y su libertad, pero que libertad puede haber en un entorno donde un porcentaje elevado es pornografia, donde cualquier anuncio muestra cuerpos desnudos y denigra a la mujer a mercancia, simple objeto sexual.
Este sistema ha fracasado porque nos ha convertido en individuos, seres egoistas empenyados en proteger nuestra supervivencia, en querer aumentar nuestros recursos, fomentando la avaricia, la imagen y la fachada ante la honradez y la humildad. La corrupcion no es sino un fiel testigo de la opulencia, querer dar una imagen de nuevos ricos, cuando nuestras almas estan vacias.
La enajenacion sometida a traves de un capital goloso y simplon, vacio de esencia pero capaz de comprar voluntades. Dejamos de alimentar nuestras almas y nuestras mentes porque estabamos borrachos de dinero y bienes materiales. Pretendiamos encontrar la felicidad en mundo ajeno al nuestro, cuando la paz y la armonia se hallaba en nuestro interior, ya enfermo y ocioso de no nutrirse de aquello que nos da aliento, el amor y la autorealizacion personal.
Cuando dentro de unos siglos los jóvenes en edad escolar se acerquen por vez primera a la Historia o visiten museos para contemplar esas reliquias denominadas libros, me gustaría pudieran leer la siguiente inscripción: La revolución que triunfó en el siglo XXI fue el Humanismo.
“¡Qué libertad, qué alegría la de poder navegar hacia lo desconocido, contra viento y marea, a pesar de los sistemas e ideologías reinantes” (Changeux)
Sería el mayor logro jamás alcanzado por el hombre. Un nuevo estadío que proclaramara a los cuatro vientos cardinales una nueva era donde gobernara la conciencia crítica. Donde la persona se dejara llevar sólo por la luz que alumbra toda dignidad y valor humano, un razonamiento lógico que desarrollara el afán por la literatura y otras artes, una nueva cultura por bandera.
Una revolución social de tal magnitud despertaría la inquietud por el “saber”, un hambre de conocimiento basado en el argumento, la discución y la filosofía como paso previo al dictamen de toda razón, de toda acción, una razón inherentemente suprema, capaz de albergar comprensión en la metafísica de la expresión humana más ancestral.
Aunque la aparente materialización y deshumanización de nuestra época se debe a una radicalización científica como modo de entender la vida, capaz de marginar y censurar cualquier otro tipo de posibilidad, la negación del propio ser humano no puede seguir quedando de lado en esta “era del relativismo”.
Como aspirar a la supremacía del hombre social si todo lo que fundamenta los pilares de la superación personal, de la conducta serena y responsable, son mitigados por una fe de “relativismo”, donde todo vale. “Tengo estos principios y si no les gusta, los puedo cambiar”.
Por consiguiente, un relativismo absolutamente dominante que da pie a una crisis moral y de valores, un desapego a lo racional y a lo humano, una progresiva materialización del ser humano, producto tangible e intercambiable.
La libertad requiere responsabilidad y formación para poder ejercerla. El relativismo ha hecho que se entienda libertad como libertinaje, la cercanía como falta de respeto, el conocimiento como diferenciación de clase social, …
El humanismo se ofrece como selección natural para mitigar y erradicar los problemas de hipocresía, indeferencia, pobreza, violencia y demás desajustes sociales provocados por este síntoma en el que todo parece no tener demasiada importancia, salvo aquello que parece tenerla y, en realidad, es despreciable.
* Entrada reproducida originalmente en este blog el 11 de Junio de 2009.
¿Y quién fue este gran hombre llamado José Ortega y Gasset? ¿Qué importancia tiene hoy? ¿Y qué será de él? El pensamiento de Ortega es multifacético, complejo, y a veces contradictorio. Sus ideas se plasman en el artículo de periódico, el ensayo, el tratado; su voz resonaba en el aula académica, en las Cortes, en coloquios y en la tertulia. Fue, con Unamuno, el máximo intelectual público del siglo XX. Ortega fue necesario, una potente tónica intelectual… Unamuno fue un pensador agitado que inquietaba, Ortega, más bien, reposado, que inspiraba (los dos inspiraban a su modo). Pero igual que Unamuno, Ortega fue esto y aquello, lo uno y lo otro. Aristócrata de temperamento y de ideales sí, pero un aristócrata en la plazuela; demócrata, pero nada igualitario, elitista y a mucha honra diría él, pero también capaz de apreciar “los primores de lo vulgar”.
Ortega fue político (¡y cómo!) y antipolítico, activista y espectador, liberal progresivo pero nada progresista, hombre de ideales, pero antiutópico (“sólo debe ser lo que puede ser, y sólo puede ser lo que se mueve dentro de las condiciones de lo que es”); moderno y antimoderno -hasta conservador, podría decirse, en el sentido etimológico de la palabra, como cuando dice que “el hombre tiene el derecho a la continuidad”-, patriota y cosmopolita, español universal. “Yo no he escrito jamás para la humanidad” -ha dicho- sino para los españoles de mi tiempo”. Lo siento, don José, pero se equivoca usted, porque sí que ha escrito usted para la Humanidad.
¿Y qué decir de su pensamiento? La deshumanización del arte y La rebelión de las masas son dos monumentos culturales del siglo XX. Apenas existe tema que no haya abordado, algunos con suma originalidad. El hombre y la gente, un hito en el pensamiento sociológico, por desgracia inconcluso. Y todos reconocemos en Ortega al ensayista más elegante en lengua española, cuyos brillantes giros verbales saborearán generaciones futuras en esta nueva edición de las Obras completas.
¡Qué extraños somos la mayoría de los mortales! Cada uno de nosotros estamos aquí durante un breve tiempo; ¿con qué propósito? no lo sabemos, aunque algunas veces pensamos que lo presentimos. Pero sin una reflexión más profunda uno sabe, por la vida diaria, que existe para otras personas — primero que nada para todos aquellos cuyas sonrisas y bienestar dependen totalmente de nuestra propia felicidad y después para los muchos, desconocidos para nosotros, a cuyos destinos estamos unidos por los lazos de simpatía. Cientos de veces al día me recuerdo a mí mismo que mi vida interior y mi vida exterior están basadas en las labores de otros hombres, vivos o muertos, y que así mismo yo debo esforzarme por dar en la misma medida en que he recibido y aún estoy recibiendo…
Nunca me he fijado en el bienestar o la felicidad como fines en sí mismos – esta base crítica yo la denomino el ideal de una pocilga. Los ideales que han iluminado mi camino una y otra vez y que me han dado el coraje para afrontar la vida con alegría han sido la Bondad, la Belleza y la Verdad. Sin el sentido del parentesco con hombres de la misma mentalidad, sin la actividad con el mundo objetivo, los eternamente inalcanzables esfuerzos en los campos de las artes y ciencias, la vida para mí estaría completamente vacía. Las cosas tan trilladas de los esfuerzos humanos – posesiones, éxito externo, lujos – siempre me han parecido contemplativos.
Excelente documental de 6 episodios que versa sobre la economia e historia desde el siglo XX hasta la actualidad.
No en vano suele considerarse a la economía como una ciencia lúgubre, pues la mayoría de los progresos importantes en esta materia han sido alentados en las épocas de crisis, donde los errores han sido puestos de manifiesto.
Normalmente, en las crisis económicas importantes suele sentarse un serio precedente, donde se refutan teorías económicas, ganan fuerza otras y se descubren los errores cometidos con anterioridad. En la conocida “época dorada del capitalismo” (1945-1973) acaecieron 30 años de ininterrumpido y vigoroso crecimiento con políticas keynesianas. No obstante, a partir de la primera crisis del petróleo (1973) el Titanic keynesiano se dió de bruces con su primer iceberg: la estanflación. John Maynard Keynes había postulado que la inflación y el desempleo eran mutuamente excluyentes; no podían coexistir. Sin embargo, el desempleo con inflación, estanflación, fue una cruda realidad a partir de 1973. El Titanic se derrumbó.
A partir de entonces, la economía mundial cambió paulatinamente a una economía más liberal, con especial influencia del Premio Nobel Milton Friedman. Los bancos centrales de todo el mundo empezaron a aplicar la política monetarista de Friedman, con el objeto de controlar la inflación y lograr la denominada “estabilidad de precios”.
Sin embargo, en 2008, la crisis hipotecaria estadounidense, demostró que el nuevo barco construido no fue mucho mejor que el keynesiano. ¿Qué hacer entonces para impedir que no vuelvan a reaparecer las crisis recurrentes? ¿En el S.XXI no está todavía depurada la teoría económica lo suficiente como para lograr una economía boyante de crecimiento cuasieterno? ¿Quién habrá ganado la batalla? ¿Cuál será la nueva corriente de pensamiento económico preponderante? Juzguen por si mismos.
Las obras de los grandes clásicos son las estrellas que más brillan en el firmamento cultural. La Humanidad, tal y como la conocemos hoy en día, es la Historia del Pensamiento Humano, es el aporte de los intelectuales de cada época, pequeños y espaciados impulsos que han hecho evolucionar nuestra forma de pensar, ser y actuar.
Sólo conociendo el pasado, se puede estar en disposición de discernir el presente. De esta manera tan directa y concisa iniciaba en 2008 una serie de entradas referentes al Pensamiento Occidental. Con la premisa elemental en mente segun la cual tenia fe y convencimiento en manifestar que “el que olvida la Historia, está condenado a repetirla”.
La indagacion y la curiosidad por conocer las profundas raices sobre las que Europa descansa, la esencia que nos hizo emerger como faro y escudo protector de los Derechos Humanos. Dada la inopia de una sociedad condenada al estancamiento moral de sus valores mas humanos en pro de una materializacion que banalizaba los cimientos de nuestra convivencia, de nuestra Historia. Una singularidad que consumia en llamas los principios que convirtieron en herencia y legado una civilizacion cultural de la que nos avergonzamos hoy en dia. Huimos de nuestras raices y nos entregamos en brazos del relativismo vacio, de la objetizacion de los sentimientos.
Muchas cosas pueden ser dichas. La realidad presente para cada uno de nosotros es una simple percepción, una imagen establecida y grabada en nuestro subconsciente. Poco importa qué vemos u oímos. Nuestro entorno, nuestros amigos, los medios audiovisuales, los periodícos, los especialistas, los académicos… Todos ellos representan un inmenso altavoz para transmitir una simple idea, la única idea.
Las sociedades occidentales se creen libres porque tienen el derecho a decidir. Me pregunto… ¿realmente tienen la opción para dicidir o elegir lo que desean?
Si una mentira se repite numerosas veces, obviamente termina siendo verdad. La verdad. Por la misma razón, si piensas o te expresas de manera diferente, sólo puede ser debido a una locura transitoria, a la radicalidad de tus ideas o porque representas un mal camino para la sociedad. No eres tenido en cuenta.
Decía Schopenhauer en “Parerga y Paralipómena” lo siguiente.
Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre… La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido. La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir… Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas.”
“Nuestro mundo civilizado no es más que una mascarada donde se encuentran caballeros, curas, soldados, doctores, abogados, sacerdotes, filósofos, pero no son lo que representan, sino solo la mascara, bajo la cual, por regla general, se esconden especuladores de dinero.
Ser libre no es tan importante como sentirse y creerse libre. La tecnología ha hecho posible que las nuevas generaciones vivamos, nos comuniquemos, nos informemos, nos ilustremos, amemos y compartemos en la red. Redes sociales que aislan los pensamientos no oficiales o aquellos que carecen de un apoyo masivo. No importa qué es correcto, qué es verdad, sólo lo que está bien aceptado por todos, por la nueva sociedad. La diferencia es que ahora es más sencillo manipular visiones y opiniones. Después de todo, sólo gobierna el ruido. Incluso las revoluciones son dirigidas por ideas que nacen y se extienden como la pólvora, pero todo bajo un ánimo de control.
Somos elementos de marketing. No importa qué pensemos, ya nos reeducaran como masas que somos. Nos creeremos en la verdad, haciendo lo correcto, cuando quedemos convencidos tras cambiar de criterios y expectativas.
No importan las necesidades del pueblo sino crear necesidades, nuevas demandas. La vida no es para el disfrute ni para compartir sino para competir. Competimos por acumular, no porque seamos animales en contra de la tendencia natural, sino porque nos han enseñado que “tener más que otros” nos hace felices. Estamos conectados a un ritmo de vida, a una forma de ser y éso es lo que nos define.
Existen transformaciones -deformaciones- desde que este planeta gira alrededor del Sol, pero esas transformaciones sociales cada vez giran más y más rápido. Hemos creado una espiral consumista que ha terminado por alienar al individuo, consumirlo hasta transformarlo en un verdadero lobo para el hombre (que diría Nietzsche).
Una gran ilusión de centurias de duro trabajo, un testimonio sobre la vida que nos sentencia y recuerda día a día que las historias de D. Quijote aún siguen vigentes y que palpitan con más fuerza que en ningún otro momento pasado.
Prosa proscrita que se tiñe de un dramatismo ignorado, un espíritu de los tiempos incuestionable y difícil de erradicar. Tintes de hipocresía y arrogancia humana, una ignorancia nacida de la dejadez, de todo aquello que emergió con el eslogan del “usar y tirar”, la relativización de lo moral y lo social, un ejercicio de supremacía de lo individual sobre lo colectivo.
Somos simples números organizados, libres de puertas a fuera y esclavos en nuestro interior, navegantes que se dejan llevar por la corriente de las mareas de los tiempos, testigos de una inocencia culpable pero ante todo cómplices de todo cuanto somos y hemos alcanzado como sociedad.
La firma para Dámaso Alonso y su “injusticia”…
¿De qué sima te yergues, sombra negra?
¿Qué buscas?
Los oteros,
como lagartos verdes, se asoman a los valles
que se hunden entre nieblas en la infancia del mundo.
Y sestean, abiertos, los rebaños, 5
mientras la luz palpita, siempre recién creada,
mientras se comba el tiempo, rubio mastín que duerme
/a las puertas de Dios.
Pero tú vienes, mancha lóbrega,
reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas
/pupilas, proyectadas
como dos meteoros crecientes de lo oscuro, 10
cabalgando en las rojas melenas del ocaso,
flagelando las cumbres
con cabellos de sierpes, látigos de granizo.
Llegas,
oquedad devorante de siglos y de mundos, 15
como una inmensa tumba,
empujada por furias que ahincan sus testuces,
duros chivos erectos, sin oídos, sin ojos,
que la terneza ignoran.
Sí, del abismo llegas, 20
hosco sol de negruras, llegas siempre,
onda turbia, sin fin, sin fin manante,
contraria del amor, cuando él nacida
en el día primero.
Tú empañas con tu mano 25
de húmeda noche los cristales tibios
donde al azul se asoma la niñez transparente, cuando
/apenas
era tierna la dicha, se estrenaba la luz,
y pones en la nítida mirada
la primer llama verde 30
de los turbios pantanos.
Tú amontonas el odio en la charca inverniza
del corazón del vejo,
y azuzas el espanto
de su triste jauría abandonada 35
que ladra furibunda en el hondón del bosque.
Y van los hombres, desgajados pinos,
del oquedal en llamas, por la barranca abajo,
rebotando en las quiebras,
como teas de sombra, ya lívidas, ya ocres, 40
como blasfemias que al infierno caen.
… Hoy llegas hasta mí.
He sentido la espina de tus podridos cardos,
el vaho de ponzoña de tu lengua
y el girón de tus alas que arremolina el aire. 45
El alma era un aullido
y mi carne mortal se helaba hasta los tuétanos.
Hiere, hiere, sembradora del odio:
no ha de saltar el odio, como llama de azufre,
/de mi herida.
Heme aquí: 50
soy hombre, como un dios,
soy hombre, dulce niebla, centro cálido,
pasajero bullir de un metal misterioso que irradia
/la ternura.
Podrás herir la carne
y aun retorcer el alma como un lienzo: 55
no apagarás la brasa del gran amor que fulge
dentro del corazón, bestia maldita.
Podrás herir la carne.
No morderás mi corazón, 60
madre del odio.
Nunca en mi corazón,
reina del mundo.