
Escribo líneas que se eternizan en una dimensión no imaginada, festejos que no cesan de rodar nuevas escenas que acontecen similares réplicas una y otra vez. El infortunio me dejó sin las evidencias que todo poeta posee, sin la sensibilidad del que derrocha poros de imaginación y deseo.
Quisiera ser poeta para no marchar y poeta para no evadir. Quisiera soñar que todo sueño no es más que vida que subyace tras cada vivencia. Quisiera ser espejo para poder conocer con quien vivo. Quisiera ser humano para no ser persona y persona para aprender un poco de humanidad.
Cristales que se replegan bajo cascadas impregnadas de quimeras y ensoñaciones que placen en la madre Tierra. Ojos vedados a observar cuan maravillosa es la simple presencia, cuan perfecto es el orden natural de cuanto acontece. Ojos marchitos que se calcinan cuando dan licencia a quienes por corazón usan una coctelera de vanalidades.
Rarezas de un ser respirando la divina comedia, una paradoja descrita tiempo atrás por Dante. “Anota mis palabras, de tal suerte, que puedas repetirlas mientras vivas, a los vivos, que corren a la muerte”.
Es, por ello, que en este preciso instante inicio un largo viaje sin equipaje alguno, sin maletas que puedan abrigar mis ideas más remotamente insensatas, sin obstáculos que encarcelen mis palabras más extrovertidas, un rostro que se evapora para evadir la corrección de quienes no merecen el poder, verdades que esclavizan mentiras.
Estos ojos no volverán a vertir las palabras que se encandilan al ver una flor nacer. Las palabras dejarán ser veredas abiertas a la mar de una clandestinidad efímera. Una lluvia que nunca se da la vuelta y asciende, una lluvia para recrear el lavado del alma. Ojos que se cierran, cielo que llora.
Un adiós a años que se extienden en un pergamino ilegible, conocidos de la red que llegaron a ser verdaderos amigos y que desaparecieron tal y como llegaron, unos con cohetes, otros sin mediar palabra alguna, pero todo tal y como la vida misma se muestra ante mis ojos.
Peldaños que han de ser cubiertos con autoridad y sin la terapia excéntrica de lo corruptible. Por ello, me despido con la tardanza de quien no quiere emprender la marcha. No es que no tenga palabras que hayan dejado de ser marea y agitación. Después de todo siempre escribí por y para mí, para sentirme y para leerme, para saberme. Palabras vertidas a miles de conciencias, mucho más allá de mis límites, más allá de lo que quise decir, más allá de lo que mi propio entendimiento pudo nunca comprender.
Cuentos, batallitas, desasosiegos, crítica influenciada en la inocencia manipulada. Cedo el testigo a la savia nueva, limpia y sabia de quienes en esa potestad crean hallarse. Lloro por quienes de corazón sincero en estos años, flechas de amistad hayan unido, siento ser partícipe de un espacio que queda vacío en mi conciencia. Durante un tiempo esta web seguirá siendo un transatlántico a merced de los vientos, una deriva silenciosa en medio de tanta razón, cordura y conocimiento. Mi incultura prepotente debe saber echar un paso hacia atrás, dejar un merecido espacio a los sabios y eruditos de nuestros tiempos, esos que todo lo saben y todo lo explican.
Marcho triste por el rastro de cariño que estos puntos de unión han creado y con el mejor de los deseos confío todos tengáis para vosotros aquello que siempre soñastéis, aquello que aún guardado modela vuestros sueños e ilusiones. El resto sería un discurso obsoleto que de nada sirve. Intentad ser felices siendo siemplemente humanos.
Las únicas palabras que puedo dejar son las de agradecer todo cuanto me habéis enseñado.
Y ésta, la cual diría última entrada si pudor a ello no tuviera, tendrá la firma de Gabriela Mistral y su honorable adiós…
En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos…
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!