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Una de tantas estrellas fugaces Julio 15, 2009

Posted by bitdrain in Mis escritos, Poesía.
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No sé si abandono mi usual ajetreo para teclear estas líneas, dudo si la magia de las letras me hace sucumbir a un destino de vicio y perversión, un ocaso cuyo destino son ríos de tinta que se evaporan ante la primera mirada, un sol naciente que emana como exaltación de lo cotidiano y terrenal.

Dime si cruzando el viaducto que fluye por mi extrafalaria alma es posible acariciar la eternidad de un deseo, la inmensidad de un momento imaginario.

Socavo reductos de incipiente innomia mientras huyo como alma en fuego de la apariencia e imagen, aquella que me destrona y entierra bajo mugre, simple artefacto ideado para un tablero de ilusas y acomplejadas imágenes que sueñan con la desdicha.

Yo tan sólo quise ser un relato de breve firma, una simple sonrisa como respuesta, uno de tantas diminutas y desapercibidas estrellas que colman el firmamento, uno de esos inapreciables fotones que traspasan la materia y se funden con esto y aquello, uno de esas promesas que se resisten al todo y a la nada, un susurro que navega libre pero agazapado, una de tantas estrellas fugaces que al pasar dejaron a su paso un reguero de esperanza y desolación.

Como tradición veraniega, esta vez toca un poema de Gabriela Mistral cuyo nombre es “desolación”:

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

Comentarios»

1. emilio - Julio 15, 2009

Vaya, Bit, parece que nos estamos poniendo poéticos…

2. Una de tantas estrellas fugaces « Semillas de Esperanza Opositando al Pensamiento « El camello, el León y el niño. O la evolución del perro al lobo. - Julio 15, 2009

[...] Una de tantas estrellas fugaces Julio 15, 2009 [...]

3. Pelocha - Julio 15, 2009

te he dicho alguna vez que escribes muy bien?

4. bitdrain - Julio 15, 2009

Gracias Pelocha por el cumplido, pero siendo ingeniero se hace lo que se puede. No hay para más :(

Emilio, ¿qué diferencia ves entre poesía, filosofía, historia y política?

5. Manuel - Julio 16, 2009

Jajajajajajajaja

Gracias por hacerme pasar estos ratos, son impagables :)

6. bitdrain - Julio 16, 2009

D. Manuel, que es lo que le hace tanta gracia?

Y no se preocupe por los pagos, suficiente es trueque de su comentario.